Del altar al servicio: una vida disponible para Dios
Hay momentos en los que Dios toca profundamente nuestro corazón. Podemos llorar, levantar nuestras manos, cantar, escuchar Su Palabra y experimentar Su presencia. Pero después llega una pregunta que no podemos ignorar: ¿qué hacemos cuando salimos del altar?
El mensaje “Del altar al servicio” nos recuerda que una experiencia con Dios no fue diseñada para quedarse solamente en un momento de adoración. El encuentro con Dios debe transformar nuestra manera de vivir, nuestras prioridades y la forma en que tratamos a las personas que Él ha puesto a nuestro alrededor.
La historia de una vida rendida a Dios tiene una dirección clara: nos encontramos con Él, nos rendimos, permanecemos en Su presencia y finalmente ponemos nuestra vida a Su disposición para servir.
El altar no es el destino, es el punto de partida
Desde el libro de Éxodo encontramos una conexión entre la libertad que Dios da y una vida dedicada a Él. En Éxodo 8:1, Dios manda decir a Faraón: “Deja ir a mi pueblo, para que ME SIRVA”. Otra traducción lo expresa como: “Deja libre a mi pueblo para que ME ADORE”.
Esto nos ayuda a comprender que adorar a Dios es mucho más que cantar. Adorarlo incluye reconocer quién es Él, amarlo, obedecerlo, rendir nuestra voluntad y servir a otros.
El verdadero altar no termina en adoración; produce una vida disponible para servir.
Romanos 12:1 lleva esta verdad a nuestra vida diaria. Pablo habla de presentar nuestro cuerpo como un sacrificio vivo. Ahora no llevamos un animal al altar; nos presentamos nosotros mismos. Nuestra vida se convierte en la ofrenda.
Por eso la adoración no termina cuando termina una canción. Continúa cuando perdonamos, obedecemos, damos, ayudamos, enseñamos, acompañamos, evangelizamos, usamos nuestros dones y ponemos nuestro tiempo a disposición de Dios.
EL ALTAR PRODUCE UNA VIDA DISPONIBLE.
Isaías: del encuentro con Dios a una vida disponible
Isaías 6 presenta con claridad este proceso. Primero, Isaías tiene una profunda experiencia con Dios. Ve al Señor y escucha a los serafines proclamar Su santidad. Después del encuentro, también comienza a ver su propio corazón.
Isaías reconoce su condición y su necesidad. Luego Dios trata con su pecado: su culpa es quitada y sus pecados son perdonados. Pero la experiencia no termina ahí.
Después Isaías escucha una pregunta: “¿A quién enviaré como mensajero a este pueblo? ¿Quién irá por nosotros?”. Su respuesta revela lo que el encuentro produjo en él:
—Aquí estoy yo —le dije—. Envíame a mí.
En Isaías vemos arrepentimiento, transformación y disposición. Dios obra en nosotros, pero después debemos responder a lo que Él ha hecho. El altar no es solamente un lugar donde recibimos; también es el lugar desde donde podemos levantarnos y decir: “Aquí estoy”.
Dios nos ha equipado para servir a los demás
Jesús mostró el modelo más grande de una vida entregada al servicio. Marcos 10:45 enseña que Él no vino para ser servido, sino para servir y dar Su vida. En Juan 13, después de lavar los pies de sus discípulos, les enseñó a seguir Su ejemplo.
El mundo busca posición. Jesús tomó una toalla.
Servir no significa sentirnos más importantes que otros. Significa elegir la humildad y poner lo que somos al servicio de los demás.
Además, Dios no nos llama a servir sin habernos dado herramientas. El mensaje recuerda que Él nos ha dado dones espirituales, capacidades, habilidades, experiencias, Su Palabra, el Espíritu Santo, una iglesia donde servir, además de tiempo, recursos y oportunidades.
Primera de Pedro 4:10 dice que cada uno debe poner al servicio de los demás el don que ha recibido. Primera de Corintios 12:7 también enseña que la manifestación del Espíritu es dada para el bien de los demás.
No todos servimos de la misma manera, pero todos podemos aportar. Quizá nuestro lugar no está en una plataforma. Podemos servir recibiendo a una persona nueva, cuidando niños, visitando enfermos, preparando alimentos, enseñando, escuchando, administrando, organizando, evangelizando, discipulando, ayudando, dando generosamente u orando por otros.
Incluso nuestra profesión puede convertirse en una herramienta de servicio. Un médico, abogado, maestro, contador, diseñador, empresario, constructor, fotógrafo, músico o administrador puede utilizar sus capacidades para bendecir a otros. Como recuerda Colosenses 3:23, todo lo que hagamos podemos hacerlo de corazón, como para el Señor.
Servir sin perder la intimidad con Dios
Existe un peligro que también debemos reconocer: servir mucho y estar cerca de Dios muy poco. Lucas 10:38-42 presenta a Marta sirviendo mientras María estaba sentada a los pies de Jesús. El problema no era el servicio en sí, sino que Marta estaba “afanada y turbada con muchas cosas”.
No debemos servir a Dios tanto que terminemos dejando de estar con Dios.
El servicio cristiano nace de la conexión. Juan 15:4-5 utiliza la imagen de la vid y las ramas. Una rama no produce fruto por esfuerzo independiente, sino porque permanece conectada a la vid. De la misma manera, nuestro llamado no es simplemente trabajar más para Dios, sino permanecer en Cristo para que nuestra vida produzca fruto.
¿Cómo podemos comenzar a vivir esta realidad?
- Comienza con lo que tienes. No esperes tener más tiempo, preparación o experiencia. Dios ya ha puesto capacidades y dones en ti.
- Comienza con lo pequeño. La fidelidad puede verse en acomodar una silla, recibir personas, ayudar en un evento, visitar a alguien u orar por una persona.
- Sirve a las personas que Dios ya puso cerca de ti. Comienza en tu familia, tu trabajo, tu iglesia y tu comunidad.
- Usa tu profesión para servir. Tu servicio a Dios no sucede solamente dentro del templo.
- Sirve desde tu relación con Dios. No abandones la Palabra, la oración, la adoración y la obediencia para poder servir.
Volver a Dios no es para quedarnos en el altar, sino para salir del altar a vivir para Él. La pregunta ya no debe ser solamente cuánto más podemos recibir, sino qué podemos hacer con aquello que Dios ya puso en nuestras manos.
Señor, ¿a quién puedo bendecir con lo que Tú has puesto en mí?
Tal vez hoy tu respuesta puede ser la misma de Isaías: “Aquí estoy”. Acércate a Dios, permanece conectado a Él y permite que tus dones, tu tiempo y tu vida se conviertan en instrumentos para bendecir a otros. En Iglesia Cristiana Casa del Rey queremos caminar juntos en ese proceso: encontrarnos con Dios, crecer en nuestra relación con Él y descubrir cómo vivir nuestro propósito sirviendo a los demás.
Pastor Serggio Villarreal
