El altar de la rendición: soltar el control para confiar en Dios
Hay momentos en los que queremos que Dios esté cerca, nos ayude, nos bendiga y responda nuestras oraciones, pero al mismo tiempo seguimos intentando conservar el control de nuestra vida. Queremos su compañía, pero nos cuesta permitir que dirija nuestras decisiones, nuestros planes y nuestro futuro.
Ese es el corazón del altar de la rendición. Rendirse ante Dios no significa perder ni darse por vencido. Significa reconocer que Él es Señor y entregar voluntariamente nuestra voluntad, nuestros deseos y aquello que más nos cuesta soltar.
Después de hablar del altar del encuentro y de la importancia de buscar intencionalmente la presencia de Dios, el siguiente paso es preguntarnos qué llevamos a ese altar. Porque un altar no es solamente un lugar de encuentro: también es un lugar de entrega.
Rendirse es entregar el control
En nuestra vida cotidiana, rendirse puede sonar a derrota. Pero en nuestra relación con Dios tiene un significado diferente. Rendición es dejar de resistirnos y reconocer que nuestra vida le pertenece al Señor.
Dios no quiere ser el copiloto de tu vida. Dios quiere ser el piloto.
Podemos pedirle a Dios que nos acompañe mientras seguimos tomando todas las decisiones a nuestra manera. Podemos consultarlo, escuchar su dirección y después escoger el camino que nosotros queremos. Pero la rendición va más allá. Es decir: “Señor, no solamente quiero que estés conmigo; quiero que tú me dirijas”.
Muchas veces queremos a Dios como Salvador, pero nos cuesta reconocerlo como Señor. Queremos que sane, ayude, provea y bendiga, pero cuando su voluntad implica perdonar, esperar, servir, cambiar nuestros planes o dejar algo que queremos, comenzamos a resistirnos.
Por eso la rendición toca directamente nuestra voluntad. Nos invita a dejar de luchar por controlar cada resultado y a aprender a descansar en Dios.
En el altar no entregamos solamente cosas: nos entregamos nosotros
Romanos 12:1 presenta una imagen muy clara: “presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios”. En el Antiguo Testamento se colocaban sacrificios sobre altares de piedra. Ahora, la entrega que Dios busca involucra nuestra propia vida.
No se trata únicamente de darle algo a Dios. Se trata de presentarnos nosotros mismos delante de Él. Proverbios 23:26 lo expresa con estas palabras: “Hijo mío, dame tu corazón”. Dios quiere nuestra voluntad, pensamientos, sentimientos, decisiones y deseos.
¿Qué podemos poner en ese altar? Nuestro pasado, incluyendo lo que hicimos y lo que nos hicieron. Nuestro presente, con situaciones que quizá no podemos cambiar. Nuestro futuro, que tantas veces intentamos controlar antes de llegar a él.
También podemos entregar nuestras relaciones, familia, finanzas, ministerio, sueños y heridas. Incluso aquellas bendiciones que amamos profundamente deben permanecer en el lugar correcto. Algo bueno puede convertirse en un ídolo cuando comienza a ocupar el lugar que solamente le corresponde a Dios.
Abraham: confiar aun cuando no entendemos
Génesis 22 muestra una de las escenas más fuertes de rendición en la vida de Abraham. Dios había cumplido su promesa al darle a Isaac, el hijo que Abraham y Sara esperaron durante años. Sin embargo, llegó el momento en que Dios probó la fe de Abraham y le pidió que entregara precisamente aquello que tanto amaba.
Abraham respondió con obediencia. Génesis 22:5 registra una frase que revela su confianza: “Yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos. Y volveremos a vosotros”. Abraham no entendía completamente lo que ocurría, pero conocía a Dios y decidió confiar.
La rendición no exige comprender primero cada detalle. Proverbios 3:5 nos llama a confiar en el Señor con todo el corazón y a no depender de nuestro propio entendimiento.
La fe no significa tener todas las respuestas, significa confiar en aquel que tiene todas las respuestas.
Abraham llegó al punto de poner a Isaac sobre el altar, como relata Génesis 22:9. Entonces Dios intervino y proveyó un carnero para el sacrificio, según Génesis 22:13. Abraham comprobó que podía confiar en Dios aun cuando él no tenía el control.
La verdadera evidencia de la rendición aparece en la obediencia.
El mensaje también presenta el ejemplo de Jesús en Getsemaní, cuando sometió su voluntad a la voluntad del Padre. La enseñanza es clara: rendirse significa escoger la voluntad de Dios aun cuando nuestra preferencia personal sea diferente.
Cómo practicar la rendición cada día
La rendición no debe quedarse solamente en una emoción durante un momento de oración. Tiene que verse en las decisiones concretas de cada día.
- Entrega cada mañana tu voluntad a Dios. Puedes comenzar diciéndole: “Señor, hoy mi vida está en tus manos. Dirige mis pensamientos, mis decisiones, mis palabras y mis acciones”.
- Somete tus decisiones a la Palabra. No podemos pedir dirección a Dios mientras ignoramos lo que Él ya nos ha enseñado. El Salmo 119 presenta la Palabra como lámpara para nuestros pies y luz para nuestro camino.
- Rinde tus temores y preocupaciones. Primera de Pedro 5:7 nos llama a echar nuestra ansiedad sobre Dios porque Él tiene cuidado de nosotros. Entregar una preocupación no significa negar que existe, sino impedir que gobierne nuestro corazón.
- Entrega el futuro. Mateo 6:34 nos recuerda que no debemos vivir afanados por el día de mañana. Podemos hacer responsablemente lo que nos corresponde y dejar en manos de Dios aquello que está fuera de nuestro control.
- Rinde tus relaciones. No podemos controlar el corazón de otras personas. Podemos amar, aconsejar, ayudar y responder correctamente, pero también necesitamos aprender a poner a nuestra familia y a quienes amamos en las manos de Dios.
- Entrega tu derecho a vengarte. Romanos 12:19 enseña a no buscar venganza. Perdonar no significa negar lo ocurrido; significa dejar la justicia en las manos de Dios.
Una buena pregunta para llevar al altar es: ¿qué me preocupa más?, ¿qué me cuesta entregar?, ¿qué temo perder?, ¿qué me cuesta obedecer?, ¿qué defendería incluso si Dios me pidiera soltarlo?
Tal vez hoy no necesitamos llegar delante de Dios para pedir algo más. Tal vez necesitamos acercarnos para entregar. Podemos poner delante de Él nuestras heridas, temores, relaciones, pasado, presente y futuro, y decir con sinceridad: “Hoy me rindo delante de ti”.
En Iglesia Cristiana Casa del Rey queremos seguir aprendiendo a conocer a Dios, confiar en Él y caminar juntos en obediencia. Que cada día nuestro corazón vuelva a ser un altar encendido donde podamos encontrarnos con Dios, entregarle nuestra vida y descansar en su fidelidad.
Pastor Sergio Villarreal
