La vida cristiana no es un camino estático, sino una batalla constante entre las acciones de la naturaleza de pecado y el fruto del Espíritu Santo. Como seres humanos caídos, todavía estamos atrapados en un cuerpo que desea las cosas pecaminosas. Sin embargo, como cristianos, contamos con el Espíritu Santo, quien produce Su fruto en nosotros y nos da el poder para conquistar los actos de la naturaleza de pecado.
El fruto del Espíritu Santo no se refiere simplemente a dones, sino a cualidades espirituales que deben ser evidentes en las vidas de todos los cristianos.
La Importancia Crucial del Fruto
El fruto es lo que Dios desea lograr en y a través de nuestras vidas. El término bíblico «fruto» (karpós) en el Nuevo Testamento (NT) se refiere principalmente al fruto espiritual manifestado en el carácter del creyente.
Hay varios tipos de fruto mencionados en el NT, incluyendo el fruto del arrepentimiento, el fruto de santificación y el fruto de buenas obras, pero el énfasis recae en el Fruto del Espíritu.
Fruto vs. Dones
Es vital entender la diferencia entre los dones y el fruto del Espíritu:
1. Los dones se reciben de parte de Dios; Él los da a quien quiere. Los dones tienen que ver con el hacer.
2. El fruto se tiene que desarrollar. La característica primordial de alguien que tiene el Espíritu de Dios no son los dones, sino el fruto. El fruto es lo que demuestra si realmente se tiene el Espíritu de Dios, y tiene que ver con el ser (es decir, el carácter).
Hemos sido escogidos y comisionados para ir y dar mucho fruto, un fruto que perdure. Cuando damos mucho fruto, nuestro Padre es glorificado y mostramos que somos discípulos de Cristo. Seremos conocidos por nuestros frutos, no por nuestros dones.
La Batalla: Obras de la Carne vs. Fruto del Espíritu
El trabajo del Espíritu Santo en el creyente es conformarnos a la imagen de Cristo, haciéndonos más parecidos a Él cada día. Para que nuestra vida crezca y dé fruto, se necesita una relación con Dios.
Existe una lucha constante entre la naturaleza pecaminosa (el deseo de la carne) y el Espíritu:
• La naturaleza pecaminosa desea hacer el mal, lo cual es lo opuesto a lo que quiere el Espíritu.
• El Espíritu, en cambio, nos da deseos que se oponen a la naturaleza pecaminosa.
El apóstol Pablo exhorta a los creyentes a dejar que el Espíritu Santo los guíe en la vida (Andar en el Espíritu) para evitar ser arrastrados por los impulsos de la naturaleza pecaminosa.
El Contraste:
| Obras de la Carne | Fruto del Espíritu |
| Resultado de la naturaleza pecaminosa. | Resultado del poder del Espíritu Santo. |
| El creyente es controlado por la carne. | El creyente es controlado por el Espíritu Santo. |
| Da como resultado la pérdida de comunión con Dios. | Da como resultado exaltar a Cristo. |
| Muestra dependencia en la capacidad propia. | Muestra total dependencia en el Espíritu Santo. |
Las obras de la carne son claras: inmoralidad sexual, impureza, pasiones sensuales, idolatría, hechicería, hostilidad, peleas, celos, arrebatos de furia, ambición egoísta, discordias, divisiones, envidia, borracheras, fiestas desenfrenadas y otros pecados parecidos. Aquellos que lleven esa clase de vida no heredarán el reino de Dios.
Las Nueve Virtudes del Fruto
El apóstol Pablo habla de un solo fruto, no de varios frutos, el cual se compone de nueve virtudes diferentes. Estas virtudes son: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gálatas 5:22-23).
Este fruto representa las cualidades espirituales que se desarrollan en la vida de un creyente como resultado de la acción del Espíritu Santo en su corazón y alma.
Podemos entender este fruto como una naranja, donde cada virtud es como un gajo. El creyente debe dar evidencia de manera integral en cada virtud, ya que todas ellas conforman el fruto.
Según los comentarios de Matthew Henry y William Hendriksen, las nueve virtudes se pueden subdividir en tres grupos, cada uno con tres virtudes:
1. Relación con Dios: Incluye el amor, el gozo y la paz.
2. Relación con nuestro prójimo: Incluye la paciencia, benignidad y bondad.
3. Relación hacia uno mismo: Contiene la fe, la mansedumbre y la templanza.
La Clave para Fructificar: Permanecer en Cristo
El fruto del Espíritu Santo es el resultado de la presencia del Espíritu Santo en la vida de un cristiano. El fruto es la vida de Jesucristo hecha posible en nosotros gracias al poder del Espíritu Santo.
Cuando recibimos el Espíritu Santo:
• Sucede en el momento en que creemos en Jesucristo como Salvador.
• A todos los que creen en Cristo y lo recibieron, Dios les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12).
• Nacemos de nuevo mediante un nacimiento que proviene de Dios.
• Dios nos identificó como Suyos y puso Su Espíritu en nuestro corazón como garantía de Sus promesas (Ef. 1:13; 2 Cor. 1:22).
El principal propósito del Espíritu Santo al entrar en la vida de un cristiano es cambiar esa vida, conformándonos a la imagen de Cristo (Romanos 8:29).
Jesús utilizó la metáfora de la vid para explicar nuestra dependencia de Él para vivir y producir fruto. Él dijo: «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador» (Juan 15:1).
El secreto y la responsabilidad del creyente para dar fruto es PERMANECER EN CRISTO. Permanecer en Cristo implica la voluntad, las elecciones y las decisiones que tomamos para exponernos a Él y mantenernos en contacto con Él.
• El que PERMANECE EN MÍ y Yo en él, dará mucho fruto.
• Separados de Cristo, no podemos hacer nada.
• Permanecer era algo que los discípulos debían elegir.
El fruto no se obtiene trabajando, sino que nace al permanecer en Cristo (en relación con el Espíritu Santo). Cuando Cristo habita en nuestros pensamientos, se vuelve visible en nuestras acciones. La vida que Cristo vivió será reproducida en nosotros, reflejando Su carácter.
El fruto del Espíritu es, en esencia, el carácter de Jesús, producido por el Espíritu Santo en los seguidores de Cristo
Pastor Sergios Villarreal Espinoza.
