No pongas tu relación con Dios en cuarentena: 8 maneras de fortalecer tu fe
26 Abril 2020
Hay temporadas que cambian de golpe nuestro ritmo de vida. Los planes se detienen, las rutinas se modifican y aquello que parecía estable comienza a sentirse incierto. En medio de una situación así, es fácil concentrarnos únicamente en cuándo terminará el problema.
Pero el mensaje plantea una pregunta diferente: en lugar de preguntar solamente cuándo acabará una etapa difícil, ¿qué quiere Dios que aprendamos mientras la atravesamos? Tal vez este tiempo pueda convertirse en una oportunidad para revisar nuestras prioridades, fortalecer a nuestra familia y acercarnos nuevamente a Dios.
La invitación es sencilla y directa: aunque muchas actividades puedan ponerse en pausa, nuestra relación con Dios no debe entrar en cuarentena.
Aprende a esperar y a disfrutar el camino
El pastor recuerda una experiencia vivida durante un campamento de varones. Mientras caminaban de noche cargando sus mochilas, sin saber cuánto faltaba para llegar al destino, la respuesta que recibían cuando preguntaban cuánto faltaba era: “Disfruta el camino”.
Esa frase se convierte en una imagen de los tiempos difíciles. Cuando no sabemos cuánto durará una temporada, podemos frustrarnos tratando de conocer el final o aprender a caminar un día a la vez.
“Disfruta el camino.”
Salmo 40:1 presenta precisamente esa actitud: esperar pacientemente en el Señor. El mensaje enfatiza que Dios quiere enseñarnos paciencia, gratitud y confianza. No se trata simplemente de dejar pasar los días, sino de permitir que la prueba produzca fruto en nuestro carácter.
Por eso, el tiempo de pausa también debe llevarnos a preguntarnos qué estamos haciendo con nuestra vida. Si solamente usamos los días para entretenernos y dejamos de cuidar nuestro bienestar físico, emocional, relacional y espiritual, habremos desperdiciado una oportunidad para crecer.
Regresa a lo esencial de tu relación con Dios
Hechos 2:42 muestra a la primera iglesia dedicada a la enseñanza de los apóstoles, la comunión, el partimiento del pan y la oración. Había intención en su manera de vivir la fe.
Ese mismo principio sigue siendo necesario. Cuando las circunstancias impiden desarrollar las actividades de la manera acostumbrada, la relación personal con Dios debe continuar.
“La iglesia somos tú y yo.”
El ejemplo de un atleta ayuda a entenderlo. Si un deportista disciplinado encuentra cerrado su gimnasio, buscará la manera de continuar ejercitándose. Cuidará su alimentación y entrenará en casa porque sabe cuál es su objetivo. De manera similar, el creyente necesita disciplina espiritual.
Primera de Corintios 9:25 habla de atletas que entrenan con disciplina. El mensaje aplica esa imagen al discípulo de Jesús: nuestra fe necesita ser ejercitada. No podemos depender únicamente de lo que recibimos de un pastor o de una reunión. Cada creyente es responsable de buscar a Dios, leer su Palabra y desarrollar una relación personal con Él.
Ocho prácticas para fortalecer tu fe
El sermón presenta acciones muy concretas para no dejar nuestra relación con Dios en pausa:
- Ora constantemente. Efesios 6:18 llama a orar en todo momento y ocasión. Deuteronomio 4:29 recuerda que quien busca al Señor con todo su corazón y alma lo encontrará. La oración mantiene nuestro corazón sensible a la voz de Dios.
- Estudia la Biblia diariamente. Así como el cuerpo necesita alimento, nuestra vida espiritual necesita la Palabra. Josué 1:8 habla de meditar en ella de día y de noche, guardarla y ponerla en práctica.
- Obedece la Palabra. Leer no es suficiente. Juan 14:23-24 conecta el amor a Dios con la obediencia. La fe también se demuestra cuando nuestras decisiones y nuestra conducta reflejan aquello que creemos.
- Escucha la Palabra. Romanos 10:17 enseña que la fe viene por el oír. El pastor incluso recomienda leer la Biblia en voz alta para meditar en ella y escucharla.
- Comparte el evangelio. Marcos 16:15 y Mateo 28:19 recuerdan el llamado a anunciar las buenas noticias y hacer discípulos. Aun cuando existan limitaciones, podemos hablar con otras personas, compartir lo que Dios ha hecho y vivir un testimonio que refleje su amor.
- Ten un tiempo devocional en familia. El mensaje propone elegir un día y un lugar, orar juntos, leer un pasaje bíblico, conversar sobre lo aprendido, expresar gratitud y presentar peticiones unos por otros.
- Adora a Dios a pesar de las circunstancias. Salmo 34:1 habla de bendecir al Señor en todo tiempo. Habacuc 3:17-18 muestra una adoración que permanece incluso cuando las cosas no salen como esperábamos.
- Mantente firme durante las pruebas. Primera de Pedro 1:6-7 habla de una fe probada y purificada. Los momentos difíciles no tienen que destruir nuestra confianza; también pueden revelar y fortalecer una fe auténtica.
Una fe que también se preocupa por los demás
Fortalecer nuestra relación con Dios no significa aislarnos de las personas. Hebreos 10:25 incluye un llamado importante: animarnos unos a otros.
Eso puede traducirse en acciones muy sencillas. Hacer una llamada. Preguntar sinceramente cómo está alguien. Orar por una persona que atraviesa temor o angustia. Preguntar si necesita ayuda. Apoyar a una familia que está enfrentando dificultades.
Tenemos muchas herramientas para comunicarnos, pero podemos estar más desconectados que nunca. Por eso, el mensaje invita a recuperar una comunión verdadera, comenzando por nuestra propia familia y extendiéndose a nuestra comunidad de fe.
No desperdicies esta temporada
Las pruebas pueden sacar lo mejor o lo peor de nosotros. Si revelan áreas que necesitan cambiar, también pueden convertirse en una oportunidad para corregir el rumbo y volver a lo esencial.
No pongas en pausa tu oración. No abandones la Palabra. No dejes la obediencia para después. Adora incluso cuando no entiendas lo que está sucediendo. Cuida a tu familia, anima a otros y permanece firme.
Cada día puede ser una oportunidad para caminar más cerca de Dios. Acércate a Él, fortalece tu vida espiritual y participa activamente en la comunidad de tu iglesia. No sabemos cómo serán las próximas etapas del camino, pero sí podemos decidir cómo vamos a caminar hoy.
Pastor Sergio Villarreal
